Hija De Un Rey

Sé que este es un blog de poemas, pero también quería compartir mis creencias con ustedes. Como algunos de ustedes saben, pertenezco a La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días. Sé con todo mi corazón que esta es la iglesia verdadera y estoy agradecida de ser parte de ella.

Cuando era niña, sabía que esta iglesia me hacía muy feliz, pero quería tener un testimonio de su veracidad. Muchos dicen que algunos de nosotros somos miembros sólo porque nuestros padres lo son. Pienso que eso puede ser cierto cuando uno es niño y tiene que ir donde sus padres le manden, pero algo que me gustaría que entiendan es que los líderes de la iglesia nos incentivan a ganar un testimonio por nosotros mismos, a hacer nuestras propias preguntas, y a actuar de acuerdo a las respuestas que recibimos. Déjenme explicarles cómo llegué a saber por mí misma.

SOS

Cuando tenía once años, empecé a preocuparme mucho por mi cuerpo físico. Todo empezó por un comentario de una compañera de mi clase, quien era una amiga cercana. Ella y una compañera más se rieron de mí luego de que la profesora me pesara (nunca entenderé por qué nos pesaban en frente de todos), y luego me dijeron que estaba muy subida de peso. En ese tiempo pasaba por tantas cosas en mi vida que nunca me había interesado en ello hasta ese momento, y bueno, tenía once años después de todo.

Al final del año, mis padres decidieron mudarse, así que me despedí de mis amigos y cambié de escuela. Estaba triste y emocionada al mismo tiempo, ya que era un nuevo comienzo. Sentía que podía ser alguien diferente, y también mi cuerpo podría serlo. Recuerdo que mis padres compraron una maquina de correr y empecé a hacer ejercicio diariamente. Además, pasaba mucho tiempo en la computadora, lo que me hacía olvidar que debía comer. A pesar de que bajé muy rápido de peso, seguía sin sentirme a gusto con mi cuerpo, y nadie parecía notarlo porque solía estar sola en casa. Además, me llenaba muy rápido y no podía pasar un día sin ejercitarme. Quería tener un cuerpo distinto al de las otras niñas. Quería tener un cuerpo perfecto, pero no importaba lo que hacía, seguía odiándome al final del día. A veces no podía dormir sin dejar de pensar en ello.

Cuando mis hermanos empezaron a darse cuenta le dijeron a mi madre, y ella se apenó mucho e intentó ayudarme lo más que podía, pero fue difícil cambiar mis hábitos alimenticios porque me había acostumbrado a llenarme con pequeñas porciones de comida.También me llevaron al hospital para hacerme exámenes y asegurarse de que mi situación no había llegado muy lejos, ya que me mareaba repetidas veces al día y me sentía muy débil. Felizmente nunca me enfermé y recibí ayuda de mi familia y de dos amigas del colegio que me ayudaron obligándome a comer en el recreo. Esta situación duró por unos 3 años y luego continué haciendo ejercicio, pero comiendo saludablemente. Aún así, aunque todos pensaban que estaba recuperada, seguía odiando la imagen que veía en el espejo, y esto no cambió hasta que dejé que la expiación de Jesucristo me sanara.

El Progreso Personal

El Progreso Personal es un librillo de la Iglesia que contiene varias metas para las jóvenes y se nos es entregado cuando cumplimos 12 años. Es debido al impacto que éste tuvo en mí, que llegué a obtener un gran testimonio de él. Si deseas saber un poco más del tema, te invito a hacer click en este link https://www.lds.org/young-women/personal-progress?lang=spa .

Varios de los hábitos que he adquirido en mi vida como leer las escrituras, orar diariamente, tener cuidado con las cosas que veo en internet, no decir malas palabras, etc; fueron adquiridos debido a este libro. Básicamente, te dan una meta que puede durar un par de semanas, un mes, etc; y gracias a ello se llega a convertir en un hábito. Por ejemplo, cuando tenía trece años empecé a hablar malas palabras en el colegio hasta que un amigo me preguntó: "¿Es así como hablan los de tu iglesia?". Esto me avergonzó muchísimo y me impulsó a cambiar mi manera de hablar, así que empecé con esa meta. Luego de tratar de no decir esas palabras por unas semanas, dejó de ser difícil decirlas y se volvieron extrañas para mí.

En este librito, hay un valor llamado "Valor Individual", en el cual se te explica el valor que tienes para Nuestro Padre Celestial, y cómo adquirir confianza y amor por ti mismo. Este valor me ayudó muchísimo, así como el libro en sí, y el lema de las Mujeres Jóvenes que dice: "Somos hijas de un Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él. Seremos testigos de Dios en todo tiempo, en todas las cosas, y en todo lugar a medida que procuremos vivir de acuerdo con los valores de las Mujeres Jóvenes que son: Fe, Naturaleza Divina, Valor Individual, Conocimiento, Elección y Responsabilidad, Buenas Obras, Integridad y Virtud. Creemos que al aceptar y poner en práctica estos valores, estaremos preparadas para fortalecer el hogar y la familia, hacer convenios sagrados y cumplirlos, recibir las ordenanzas del templo y gozar de las bendiciones de la exaltación".

 

Un milagro

Cuando el EFY se iba a llevar a cabo por primera vez en Perú, mis amigos y yo trabajamos para poder ir. Estaba muy emocionada y me había preparada para poder ser obediente y ser guiada por el espíritu. Anteriormente ya había orado en varias ocasiones y sabía que estaba en la verdad, pero aún así no había pasado ninguna experiencia en la que se me haya hecho imposible dudar de la existencia de Dios. No hasta esa semana.

Después de mucha espera llegó el gran día, y después de dos horas de viaje llegamos al complejo en el que nos hospedaríamos por los siguientes 6 días. Los dos primeros días fueron increíbles a pesar del calor y los mosquitos que no paraban de picarle a todo el mundo, pero en mí pasó algo diferente. No pasó mucho tiempo hasta que se formaron ronchas gigantes en mis brazos y piernas, al punto en el que me dolía caminar, así que mi consejera me llevó al tópico el martes por la noche, y salí del mismo lugar llorando porque tendría que volver a casa si mi estado no mejoraba al día siguiente, ya que las actividades que se llevarían a cavo requerían de mucho esfuerzo físico que yo no podría soportar.

Al llegar a mi habitación, mis compañeras se mostraron preocupadas y tuve que decirles lo que pasaba. Luego entré al baño y continué llorando. Me sorprendió que no me pregunté "¿Por qué a mí?", pero al mismo tiempo me encontraba muy triste al pensar de que no podría experimentar lo que tanto había esperado. Entre sollozos escuché a mi compañera gritar detrás de la puerta: "¡ORA!", y así lo hice. Me arrodillé y clamé como nunca antes lo había hecho. Recuerdo sentir que mi Padre Celestial estaba a mi lado, escuchándome. Nunca antes había sentido su presencia, y no tenía duda de que él me estaba acompañando. Las últimas palabras que salieron de mi boca aún resuenan en mi memoria: "Aunque no me cure, nunca volveré a dudar de que tú existes".

Ese día, mis compañeras y yo nos unimos en oración, y al día siguiente lo primero que hice fue retirar mis sábanas. Recuerdo a mi consejera y a mi compañera de cuarto esperando a mi lado. Todas nos asombramos al ver que mis piernas tenían a penas unas marcas, como si nada nunca hubiera pasado. Mi consejera levantó su mirada hacia mí, y entre sonrisas exclamó: "Es un milagro". Lo siguiente que pasó fue una joven de 15 años arrodillada en su cama, agradeciendo a Su Padre Celestial por amarla lo suficiente como para contestar su sencilla oración, dada en el piso de un baño.

El Libro de Mormón

A pesar de que soy alguien a quien le encanta hablar de su iglesia y repartía Libros de Mormón a casi todos mis amigos en la escuela, la realidad es que yo no lo había leído por completo hasta que tuve 17 años, y la verdad es que me tomó más de un año culminarlo. Lo empecé el tercer día del EFY porque tuve que quedarme en mi cuarto a descansar y estaba aburrida, pero pronto me vi envuelta en sus páginas. Cuando lo terminé estaba muy emocionada y no podía creerlo, así que inmediatamente oré esperando sentir ese calor en mi corazón que varios dicen sentir, pero no sentí nada. A pesar de eso, no me rendí y seguí orando por días sin tener respuesta. Pasó una semana, y llegó el día en el que iría a acompañar a las misioneras a dar una lección a un investigador de la iglesia. Sentí tan fuerte el espíritu ese día, que luego fui corriendo a mi casa, me arrodillé, sabiendo que era verdad, pero aún queriendo tener un testimonio específicamente de este libro. Sentí gozo, paz, calma, y un ardor en mi pecho que me llevó a las lágrimas. Ese día supe con certeza que El Libro de Mormón es verdadero, y si es verdadero, entonces José Smith fue un profeta, y si José Smith fue un profeta, entonces esta Iglesia es verdadera, y Cristo vive.

 

Depresión

La forma en que veía mi cuerpo no era mi única dificultad, sino también la tristeza que me invadía en ciertos momentos de mi vida. Todo empeoró cuando me mudé a otro país, lejos de mis amigos y las cosas yendo totalmente diferentes a como creí que serían. Habían días en los que me pasaba el día llorando y sentía que no valía la pena seguir aquí. Pensaba que era una carga para mi familia, y que todos estarían mejor sin mí. Hubo un par de semanas en los que me sentí peor que nunca, y cuando me tranquilicé, hablé con mi mamá y le expliqué los pensamientos que a veces tenía. Nunca antes había hablado con ella al respecto, por lo que ella pensaba que todo iba muy bien conmigo. Recuerdo verla llorar sin entender por qué yo estaría sintiéndome así, preguntándose en qué había fallado. A pesar de que no era su culpa, ella me ayudó a superar esos pensamientos, y me dijo que hablara con ella cada vez que me sentía así. Así lo hice, y me di cuenta de que esos pensamientos no vienen de Dios, y yo, siendo alguien que trata de ser un discípulo de Cristo, no podía dejar que Satanás llene mi mente con mentiras. Hay un mensaje que me ayudó muchísimo dado en la Conferencia de Mujeres de Setiembre de 2015, por la hermana Rosemary M. Wixom, quien dijo, "Si alguna vez dudan de esa chispa de divinidad interior, arrodíllense en oración y pregúntenle al Padre Celestial: "¿Soy en verdad Tu hija y me amas?". Además, el élder M. Russell Ballard dijo, "Uno de los mensajes más dulces que les comunicará el Espíritu es lo que el Señor siente por ustedes". Les aseguro que este consejo les ayudará mucho si están sintiéndose como yo me sentí, y lo mejor es que no tienen por qué hacerlo solo una vez, sino cada vez en las que se sientan desanimados. Yo le he hecho esta pregunta al Señor en muchas ocasiones, y en cada una de ellas puedo sentir su amor en mi corazón, y entiendo que sí, efectivamente, soy su hija y me ama. 

Esto no es todo

A pesar de todos los milagros y respuestas que he visto y recibido en mi vida, debo aceptar que es fácil volverse perezoso y dejar de cumplir las cosas que se nos han sido enseñadas en la iglesia no porque no creamos en ella, sino porque ponemos otras cosas delante de Dios.

Esto me recuerda a una escritura del Libro de Mormón, el cual es OTRO TESTAMENTO DE JESUCRISTO y no reemplaza a la biblia, sino que ambas se complementan y testifican de la verdad; en Alma 37:41, que dice, "Sin embargo, por motivo de que se efectuaron estos milagros por medios pequeños,se les manifestaron obras maravillosas. Mas fueron perezosos y se olvidaron de ejercer su fe y diligencia, y entonces esas obras maravillosas cesaron, y no progresaron en su viaje". Pienso que muchos de nosotros pasamos por esto en varios momentos de nuestra vida, miembros de la iglesia o no. A veces queremos hacer algo o creemos en algo, pero adoramos y hacemos otras cosas que no tienen importancia y perdemos el tiempo. Además, muchas veces me he encontrado estresada pensando en el pasado o pensando que no estoy haciendo suficiente. Necesitamos recordar que nunca haremos suficiente, y que nuestro propósito en esta vida es hacer cuanto podamos. Como dijo Joseph Fielding Smith, "Hoy debemos ser mejores de lo que fuimos ayer y mañana mejores de lo que somos hoy". Sé que todos cometemos errores, pero les aseguro que hay un medio por el cual podemos arrepentirnos y olvidar nuestras equivocaciones. Ese medio es Jesucristo. Por él, podemos tener miles de segundas oportunidades. Por él, podemos ser quien queremos llegar a ser. Por él, podemos tener una familia eterna y ser felices para siempre. Alma 37:45 dice, "Y ahora digo:  ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor".

Testifico que todas estas cosas son ciertas. Sé que nuestro Padre Celestial nos conoce por nuestro nombre y nos ama. Él está a una oración de distancia, y no importa quiénes seamos; Él está ahí a toda hora esperando por nosotros. Él sabe lo que pasamos y pensamos, pero desea oírlo de nosotros mismos. Les aseguro que podrán sentir su amor y recibirán las respuestas que necesitan a medida que ustedes pregunten con un corazón sincero. Dejo estas cosas en el nombre de mi amado Señor Jesucristo, Amén.