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xoxo, Malhermon.

El miedo (Arches, Utah)

El miedo (Arches, Utah)

La última vez que mi esposo y yo fuimos a Utah, fuimos a hacer una caminata a Arches, y fue una experiencia increíble. A mí me encanta caminar, y es gracioso porque como dice Gavin, camino muy rápido para ser tan pequeña (prejuicios, prejuicios). Fue un día caluroso, y unas buenas 4 horas de conversaciones largas, graciosas, y a veces sin sentido, con Gavin.

Subir fue divertido, sobretodo porque un par de jóvenes que ya estaba de regreso, bajaban cantando y preguntando a cada persona cuál era su canción favorita, para luego cantarla. Gavin se apresuró en pensar qué canción elegiría él, y una vez las jóvenes llegaron hacia nosotros, Gavin no hesitó en contestar: "Hips Don't Lie, de Shakira, por supuesto". Las chicas empezaron a cantar y reír hasta que desaparecieron, y la verdad es que nos sacaron una sonrisa de la boca.

Continuamos caminando, hasta que vimos que pronto llegaríamos a la cima, así que empezamos a correr. Las personas que pasaban a nuestro lado se reían y decían que estábamos locos. Una chica incluso dijo, en tono de burla, que Gavin solo "se estaba mostrando", como si quisiera demostrar algo. Yo me asombré por ese comentario sin sentido. No era que alguien quería demostrar nada, simplemente queríamos llegar a la cima de una vez por todas.

Caminamos y caminamos, y por fin llegamos. O al menos eso era lo que yo pensé. Tal fue mi decepción al ver que todavía tendríamos que caminar por un camino angosto para llegar al tan preciado arco, que pensé que simplemente me quedaría abajo esperando a mi familia. No era que estaba cansada, ya que eso está implícito. Simplemente tenía miedo.

No sé exactamente cuándo desarrollé terror por las alturas, aunque creo que nací con ello. Es por ello que encuentro irónico el amor que les tengo a las montañas rusas, pero dejaremos ese tema para otro día. El punto es que estaba aterrada, y apenas noté el sendero que me esperaba, me rendí sin ni siquiera intentarlo.

Ya que no quería irme sin al menos ver el arco, caminé por ese camino angosto hasta llegar a una roca. La vista era magnífica. Incluso noté a algunas personas a lo lejos que llegaban hasta el arco y se tomaban fotos. Yo pensaba que estaban locos, así que me senté en una roca lejana, decidida a que nadie me iba a mover de ahí.

Mi familia fue dejándome, mientras se adelantaban para poder tomarse una foto en el centro. A pesar de que la vista era llamativa, me costaba mantener los ojos abiertos, ya que cada vez que observaba dónde estaba, mi corazón latía a mil.  Mi mamá llegó y trató de convencerme. En mi mente ni siquiera podía creer que mi mamá lo estaba intentado. Tampoco pude creer que terminó por convencerme. Apuesto a que debo de haber lucido estúpida tratando de llegar al arco gateando y casi llegando a las lágrimas, cuando todos estaban de lo más normal y algunas personas hasta caminaban descalzos (benditos utahnos). Me aterraba que cada vez que daba un paso, mis pies parecían deslizarse, y cada 5 segundos me imaginaba cómo iba a ser mi muerte. Disculpen si mis palabras son muy dramáticas... no por nada soy poeta.

Al final llegué. Con la ayuda de 4 personas, pero lo logré. También cabe considerar que estuve al borde del llanto, pero aún mantuve un poco de dignidad. Al llegar, me tomé la popular foto y salí corriendo "más rápido que violento", como dice mi madre. Mientras bajaba, mi rostro mantuvo una sonrisa imposible de quitar. Incluso empecé a imaginarme escribiendo sobre esta aventura, ya que quería guardarla para siempre. Quería que todo el mundo se enterase, pero con el tiempo lo olvidé. Así como muchas veces olvidamos las cosas que nos costaron, como si no valieran nada. Además, la única razón por la que recordé esta experiencia, es porque últimamente he estado llena de temor.

Pienso que muchas veces pasamos por eso. Preferimos no intentar algo, a pesar de que sabemos que valdría la pena, simplemente porque es más fácil no arriesgarse. Creo que en algunas situaciones, esta forma de pensar es la más apropiada, pero no lo es siempre. A veces tenemos que "ir por ello"...

Cuando empecé a escribir, me daba miedo enseñarle mis escritos a alguien. Si eres artista, vas a entenderme. Me daba miedo que la gente se riera de ellos, que los lean y piensen que era una chica con falta de cariño, o que era deprimente. Temía que alguien me criticara o juzgara  porque llegarían a conocer mi lado más vulnerable. Cuando finalmente decidí publicar mi blog, tenía 14 años, y pronto empecé a ver mis escritos en los estados de Facebook de otras personas, como si fueran suyos. Eso me molestó tanto, que puse mi blog en privado y no volví a publicar más por varios años. A veces desearía haber continuado, pero esa fue la decisión que tomé en ese entonces. Algunos años más tarde, terminé por volver a publicar algunos, pero casi nadie me leía porque no lo compartía en ninguna red social, simplemente publicaba mis escritos para que otros bloggers los leyeran si querían. Eso duró hasta que un buen amigo (en algunas ocasiones me he referido a él como mi compañero literario) me terminó por convencer de volver a la luz pública. A entregar todo de mí sin esperar nada a cambio, simplemente por amor al arte. Y eso hice.

Fue en el 2015 cuando volví a publicar mi blog, y muchas personas empezaron a compartir mis poemas, algunos sorprendidos porque no tenían conocimiento de que en mi tiempo libre escribía. Recuerdo que cada vez que tenía un tiempo de descanso en mi trabajo, me sentaba y escribía en servilletas, ya que la inspiración no tiene hora. Me sentaba observando a la gente, tratando de imaginar las cosas por las que ellos pasaban. Tal vez les sorprenda saber que varios de mis poemas no son inspirados en mí, sino en personas que manejan a mi lado. En aquellos que están sentados solos en algún restaurante. En las personas que veo caminando, cabizbajos. En aquellos que solo viven, porque no les queda de otra.

Siento que mi vida ha cambiado mucho en estos dos últimos años, y estoy agradecida de haber superado el miedo de contarle al mundo lo bella que es la poesía. Lo hermoso que es escribir sin pensar en las rimas, simplemente para expresarse cuando no hay otra forma de hacerlo. Siempre estaré agradecida a aquel amigo literario que me apoyó cuando mis escritos estaban más allá de ser aceptables. Ahora tengo esta página web. Un sitio que es mío. Un lugar que yo controlo. Un espacio donde mis pensamientos fluyen. Antes de publicar mis poemas en mis redes sociales, unas 20 personas me leían, ahora son cientos, y estoy agradecida por eso. Algunas personas me han escrito diciéndome que no me conocen, pero que de alguna manera se sienten conectados a mis escritos, a mis experiencias. A veces me pregunto cuál es el sentido de todo esto. Me entra el temor, la desconfianza, la inseguridad... pero son esas personas quienes me recuerdan aquel sueño que tenía de niña, cuando después de leer un buen libro, pensaba, "si algún día puedo escribir algo que le haga sentir algo a alguien como este libro me ha hecho sentir a mí, seré la persona más feliz del mundo". Después de tanto tiempo, esa sigue siendo mi motivación.

Muchas veces dejamos que el miedo controle nuestra vida. Yo soy culpable de ello, pero no hay nada como ser lo que quieres ser sin importar lo que otros piensen. No hay nada como lograr alcanzar la cima después de pensar que probablemente fracasarías, hasta que por fin te decidiste a intentarlo.

No dejen que el temor maneje sus vidas. Hagan lo que siempre han querido hacer. Cumplan sus sueños, así no vean resultados al comienzo. Vale la pena hacer lo que nos apasiona, se los aseguro.

Espero que esta historia haya sido una metáfora que les ayude tanto como me ha ayudado a mí. Les mando un fuerte abrazo,

Alejandra.

Smokey Eyes for Beginners

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Maquillaje para el trabajo

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